El cine histórico se adueñó de la gran pantalla desde que los hermanos Lumière dieron a conocer su ingenio en el Salón Indien du Grand Café de París el 28 de diciembre de 1895, con la proyección de L’arrivée d’un Train en gare à la Ciotat (“La llegada de un tren a la ciudad”). Por su intrínseca condición testimonial, el cine adoptó prematuramente, la categoría de documento histórico y, aunque la distinción formal que se establece entre cine de ficción y cine de no-ficción puede inducir a equívocos conceptuales, lo cierto es que el conocido genéricamente como “cine histórico” pertenece tanto a un género como al otro, dado que ambos son el producto de una época. No obstante esto último, el vídeo adjunto describe el género (o subgénero) con cierto maniqueísmo, pero con un loable interés didáctico.