Entrevista a Santiago Navajas, filósofo de la pantalla

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Santiago Navajas

Santiago Navajas es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada. Posee un título de Maestría en Análisis y Gestión de la Ciencia y la Tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid, además de una Especialización en Historia y Estética Cinematográfica por la Universidad de Valladolid. Desde 1996, Navajas es profesor de Filosofía en Enseñanza Secundaria, labor que compagina con la crítica cinematográfica en medios de comunicación especializados. Dedicamos la presente entrevista a un verdadero filósofo de la pantalla.

CineHistoria: La escuela anglosajona de historiadores del cine propugnará, a partir de los años 60-70, la “historia contextual del cine” (del inglés, Cinematic Contextual History). Esta innovadora corriente histórico-cinematográfica sostiene que todo filme es historia del presente. No obstante esto, ¿considera usted que está legitimado el análisis fílmico en el aula de Historia, no sólo, como reflejo de la mentalidad de la sociedad coetánea al rodaje y estreno de la película, sino como coartada para enseñar otros períodos del pasado de la humanidad?

Santiago Navajas: En primer lugar, se tendría que distinguir entre ficción y documental.  La hipótesis postmoderna es que no cabe tal distinción porque todo sería ficción (resumiendo), pero, en este caso, todo sería reducible a un solipsismo tan pobre hermenéuticamente como estéril.  ¡Al infierno con la postmodernidad y sus cerebros débiles! -por decirlo a-lo-Vattimo-, y seamos reaccionariamente modernos y desafiantemente ilustrados.  Un documental debe ser tratado con la misma severidad que un libro de historia o un ensayo: el respeto a los hechos debe ser máximo y en consecuencia, efectivamente es “historia” de aquella época que trate.  Lo que no quita para que lo mismo que en un laboratorio de física o química se “recrean” de forma artificial fenómenos naturales, también en el ámbito del documental, quepan “recreaciones” de la realidad, pero siempre manteniendo el espíritu de respetar los hechos tal y como se produjeron, poniéndose al margen los intereses materiales e ideológicos.  Más allá de esto, lo que pretende la CCH no es más que hegelianismo aplicado a los estudios cinematográficos.  Es decir, una muestra de aquello que Popper denominó “miseria del historicismo”.  En cuanto a la ficción, debe ser tratada, más bien, como una metáfora de una época histórica determinada, una alusión que nos permite profundizar en aquello que queremos estudiar.  Tenemos que abandonar el predicado “verdadero”, para adoptar el mucho más elíptico de “parecido de familia”, o el que tú empleas: “coartada”.

CineHistoria: El cine ha sido objeto de manipulación por parte del poder desde sus orígenes. Ha satisfecho, con creces, las veleidades de bandos enemigos durante la guerra, o de facciones políticas en períodos de paz. Ha predicado los principios morales del jerarca eclesiástico de turno, al tiempo que ha saciado, también, las aspiraciones propagandísticas del ideal en boga. ¿Puede el cine, a día de hoy, ejercer una función socializadora sin rival alguno, como lo hiciera bajo regímenes como el franquista? De hecho, ¿la ejerce, bajo otros parámetros, también en democracia?

Santiago Navajas: El arte poderoso es el realizado por artistas poderosos que consiguen imponer su visión del mundo contra los contextos sociales, los poderosos establecidos -también “el pueblo”-, y demás instancias normalizadoras.  Las mejores películas de la historia del cine español se hicieron en plena dictadura franquista y contra Franco, aunque con su consentimiento (valga la paradoja), así El Verdugo o Plácido.  La función socializadora, o des-socializadora, en cualquier caso, desde el punto de vista tanto de la calidad artística como, también y sorpresivamente, del éxito del mensaje propagandístico, tiene que estar sometida al arte cinematográfico.  Así los western de John Ford, los dramas existencialistas de Welles, o los poemas lírico-épicos de Lang.  La democracia, en este aspecto, es muy peligrosa para los artistas, porque estos olvidan que la distancia más corta entre el arte y el mensaje en el arte no es una línea recta.  Por ejemplo, Isabel Coixet, Fernando León, etc. hacen un tipo de cine con tan buenas intenciones democráticas como lamentables resultados artísticos.  Contra Franco, como veíamos, se hacían mejores películas.

CineHistoria: La influencia económica, ideológica, política, social o religiosa del cine está fuera de toda duda. Hoy día se hace difícil sustraerse al influjo de las distintas tendencias de cada una de esas superestructuras, lo que deslegitima los principios rectores que regulaban el comportamiento de las sociedades que nos han precedido. Por lo tanto, ¿es posible que, de entre todos ellos, destaque uno por encima del resto? o, en otro orden de cosas, ¿es posible que prevalezca una sola corriente de vertebración de una suerte de pensamiento único, que tiene en el cine a un fiel aliado?

Santiago Navajas: Una de los aspectos que hacen que el análisis marxista de la sociedad capitalista sea tan pobre y limitado y, en última instancia, fracasado, es su reduccionista y simplificadora visión del capitalismo dentro de su esquema mecanicista y materialista.  Precisamente lo que caracteriza al capitalismo es ser una entidad mutante, dinámica, estructurada en infinidad de capas que se influyen las unas a las otras simbióticamente.  Dubner y Levitt relatan en su Freakonomics una interesante anécdota sobre la relación del cine (y la radio) con el auge (y caída) del Klu Klux Klan.  Y es que las cosas son más complicadas de lo que parecen, sobre todo, en una sociedad liberal como la nuestra, en la que los poderes económicos y políticos están enfrentados en un equilibrio incentivado por el sistema de separación de poderes, de lo que se beneficia, naturalmente, tanto la investigación y enseñanza de la historia, como el mismo arte cinematográfico:  El nacimiento de una nación permitió encumbrar de nuevo al KKK, pero un programa de radio sobre Superman volvió a hundir a la asociación racista.  La competencia es el núcleo de nuestra sociedad capitalista, y esa competencia permite que existan justificaciones de todo tipo, desde el “filoterrorista” de Ken Loach en El viento que agita la cebada, a los mensajes anticapitalistas de Michael Moore, o la apología de la tortura en la serie 24.  De todos modos, es cierto que en el ámbito cinematográfico predominan mucho más los mensajes de “izquierda”, ese pensamiento único al que te refieres, y que domina desde Hollywood hasta el último reducto del underground europeo, lo que obedece al habitual conflicto entre los intelectuales y el capitalismo, que es fruto del complejo y el resentimiento de los primeros hacia el segundo, complejo que han analizado Nozick o Rothbard.

CineHistoria: En la actualidad, hay incipientes lobbies que ya compiten en igualdad de condiciones con los más longevos. Puede decirse que el cine está en manos del lobby judío, testimonio de lo cual es la airada controversia que desató el rodaje y estreno de La Pasión (Mel Gibson, 2004). La pluralidad de los distintos grupos de presión pugnan por el control de la información. ¿Qué protagonismo puede cobrar el crítico o el historiador que no transijan con la castración del raciocinio o el mercadeo de ideas?

Santiago Navajas: ¿Lobby judío?  Mel Gibson hizo una declaraciones manifiestamente antisemitas y los judíos, acompañados de cualquier persona decente, protestaron ante un ataque racista.  Por otra parte, desde La pasión de Cristo, Gibson ha dirigido otra película -muy protestada por los mayas o lo que queda de ellos, y nadie creo que piense que Hollywood esté controlado por un lobby maya- y protagonizada otras. Efectivamente, hay poderes establecidos que presionan, tratan de influir, etc., lo cual me parece perfectamente legítimo.  Todos tratamos de modificar las mentes, y/o las conductas de los demás.  Dependerá del espectador de turno -y el crítico o historiador no es más que un espectador privilegiado- el imponer su propio criterio, que no significa que no le afecten las influencias externas, sino ser capaz de elegir, de entre todas las influencias (exógenas), las que prefiere que lo haga.  Y al tiempo convertirse él también en una influencia para los demás a partir de su propia actividad intelectual (endógena).

CineHistoria: Los géneros cinematográficos se distinguen los unos de los otros en función del estilo, de la ambientación, del formato o de la audiencia. Cada género contiene una serie de subgéneros, cuyos reñidos criterios de clasificación, lejos de establecer un orden, alientan el caos y la dispersión. Hay quien considera que el western es el género histórico por excelencia, pero la clasificación que Marc Ferro hiciera del cine histórico responde al deseo de dotar a éste de  una identidad propia. ¿Se comprometería usted a hacer un pronóstico del futuro del género y, por extensión, del cine como arte e industria?

Santiago Navajas: Cinematográficamente, estamos viviendo un tiempo muy interesante.  Nunca se ha podido ver tanto cine de todas las épocas más fácilmente.  Yo tardé años en conseguir poder ver Underworld de Josef von Sternberg, que hoy está al alcance de un clic en YouTube.  Y gracias a la proliferación de DVD’s, cualquiera con un poco de interés, puede ver las 100 mejores películas de la historia, de Ford a Hitchcock, pasando por Murnau, Lang, Ozu o Dreyer, por muy poco dinero. Al mismo tiempo, gracias a la globalización, podemos ver, desde grandes superproducciones de toda la vida, a cine intimista y subversivo, de Steven Spielberg a Manuel Gomes, pasando por Almodóvar, Eastwood o Manoel de Oliveira.  Es decir, cualquiera que tenga algo que decir, tiene unas oportunidades únicas de expresión gracias a la multiplicidad de recursos que el capitalismo globalizado le oferta (ahora, gracias al “crowdfunding”, se puede conseguir financiación para hacer un film barato, y ya no es necesario recurrir a los ricachones con ganas de poner un artista en sus fiestas, como tuvieron que hacer Buñuel o Godard). Lo único que falta, en todo caso, es talento y coraje.

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Tomás

Profesor de Historia at CineHistoria
Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona, TOMÁS VALERO MARTÍNEZ es autor de los libros 'Historia de España Contemporánea vista por el cine' (Barcelona, 2010) y, -con Juan Vaccaro-, 'Nos vamos al cine. La película como medio educativo' (Barcelona, 2011). Ha escrito artículos para L'Atalante, CineConElla, Conocer, Educahistoria, Fent Història, Film-Historia, Making Of, y Profes.net. También ha asistido a congresos especializados, e impartido ciclos, comunicaciones, cursos, ponencias, y seminarios sobre cine e historia, en Almería, Barcelona, Madrid, Vitoria, y Zaragoza. Es el creador y director de CineHistoria.com , sitio especializado en las relaciones entre cine e historia, que ha sido citado en publicaciones como los diarios ABC o El País, lo que ha propiciado, además, ser entrevistado en medios de comunicación como Mataró Ràdio, Radio Vitòria o la Xarxa de Televisions Locals de Catalunya.
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